Tenía algo más de 18 años y mi madre 40 y ambos de cuerpos altos, blancos. Mi madre hermosa, con figura tentadora. Cuando salíamos era seguida por miradas de hombres jóvenes y adultos.

Yo siempre tenía un bichito que me molestaba en el estómago y un poquito más abajo también, cuando ella me preguntaba. ¿Cómo estoy para salir? Y en realidad se veía preciosa y tentadora. Mamá se fue de su casa a los 15 años y siempre para mí fue un misterio el que se haya ido tan joven.

Ella decía que la culpa era de su mamá por haberse casado después de enviudar y su padrastro era un fresco, pero no decía nada más. Hasta un día que estábamos más grandecitos y nos contó que un tío con el cual trabajaba, le había mostrado el miembro y le dijo que se lo tocara. Eso en mí creó una imagen de valentía en mi madre por no aceptarlo, pero también cierta calentura.

Pasado el tiempo pasó…

Salía de mi habitación una mañana ya pasadita por haber estado jugando en mi cama pensando solo en sexo. Encontré a mi madre sentada en el sillón del living tejiendo, hermosa como siempre y con ese cuerpo que era mi desesperación y que siempre espiaba para ver algo más; nunca lo conseguí.
¡Hola!, ¿como amaneciste?, me dijo risueña y con cara pícara. Bien respondí, se me paso un poco la hora. Ahí fue cuando comenzó una seguidilla de consejos, de tiempos, de trabajo, de estudios y una vez pasada una larga filípica llegó a un punto que me dejó loco.

Hijo no te masturbes tanto es malo en exceso. ¡Mamaaa!. Exclamé, como ofendido o pillado. Si, me dijo, no soy tonta, ni ciega y con la cara de sueño que tienes todo el día es para preocuparse, además todos nos hemos masturbado en algún momento. Esa confesión inició un pequeño calentamiento en mí y comencé a desplazarme para que no viera mi erección.

¿Tú te masturbabas? Pregunté tontamente después de la confesión que había tenido. Si, respondió; mucho, cuatro o cinco veces al día y por eso te digo que no es conveniente tantas veces, ya que te sientes cansado y con mucho sueño (recién ahí me mira a los ojos) Aprovechando la caliente confesión inicié una trama. Mamá, ¿Como se masturban las mujeres? Notando su nerviosismo en su cara me respondió.

¿No sabes como se masturba una mujer? Y realmente había llegado a todo, menos al sexo, pero sabía por mis amigos todo lo que se hacía. Y respondí, No mamá por eso te pregunto como se hace. Yo me senté al lado de ella y mirando sus pechos alzados y palpitantes recibí lo que quería saber. Bueno me dijo, nos tocamos como lo haces tú con tu pene pero nos pasamos los dedos por nuestro cosito. Pero si no tienen pene ¿Qué se tocan?

Ahí ella ya sintiendo la calentura de la conversación entró a detalles más prácticos y dejando el tejido posa su mano en su sexo por sobre la ropa y se pasa la mano despacio presionando con su dedo medio hacia dentro y me dice, así me toco yo para masturbarme, despaciiiito para sentir mi dedo. ¿Te tocas?, pregunté, sin saber que todavía se masturbaba y calentándome aún más. Bueno, dijo, tu padre trabaja fuera y llega una vez a la semana, eso hace que tenga que descargarme un poco para no buscar otro hombre.

Y viendo que mi pantalón se hinchaba y palpitaba con mi pene ya hirviendo, sigue con su movimiento lento y con el vestido subiéndose por el movimiento y con la voz un poco jadeante y mirando mi entrepiernas me dice…Parece que te faltó tiempo de descarga indicando mi bulto.

Mamá, es que es lindo ver como te tocas. ¿Quieres ver más? Dijo, mientras ya se veía un poco de sus calzones. Sí, ¿Puedes enseñarme más? Claro que si; hijo. Y subiéndose el vestido me muestra sus calzones ya mojados y me dice, mira ves como se hace un hoyito cuando presiono, en ese hoyito se va metiendo uuuuno o doooos dedos, mientras presionaba sobre la húmeda mancha y miraba con su cara ya excitada mi también caliente cara.

¿Puedo tocarte? Pregunté nervioso esperando una negativa respuesta, pero saca su mano y toma la mía, la lleva a la parte mojada y tomando mi dedo me dice, presiona un poco y muévelo despaciiito para que me digas lo que sientes.

Apreté mi dedo y entrando un poco sobre el calzón mojado y caliente, sentí un pequeño porotito y le dije, mamá siento un porotito calientito. Siiii hijo, muévelo un poquiiiitooo, asíiii. Mamiiiita, ¿Lo puedo ver? Siiii amooor…

Se baja el calzón y queda su sexo mojado, caliente y con un olor que me embriagaba, como si hubiera bebido. Recién ahí pude ver lo que es un chorito en toda magnitud. Puse nuevamente mi mano allí y mis dedos resbalaban en un jugo mágico y su clítoris palpitaba entre mis dedos.

Hiiiijooo, hijiiiiito, que deditos más ricos. ¿Te gusta mamiiiita? Siiii, muuuuchooo. Mete el dedito un poquiiiiito maaas.

Ya no podía resistir mi ropa que presionaba mi pene y ya llegaba a doler. Mamá al ver mi calentura me dijo que abriera mi pantalón, ella me ayudó saliendo mi pene de su reja y mostrándose vivo y brillante. Yo seguí masturbando a mamá y ella tomó mi pene y desplazó la piel hasta que asomó toda su cabeza ya mojada, roja y caliente. Al verla, sus ojos ya excitados por la calentura que estaba recibiendo, me dijo; Hijo ven, párate un poquito y al hacerlo quedé frente a ella, mi pene sintió el roce de sus dos manos y posando su boca en la cabeza sentí por primera vez lo que era una mamada, de tal manera que me salió del alma un grito. ¡Mamaaaa!, ¡Mamitaaaa!, por favooor, ¡Queee riiiicoo!

Mi rodilla se apoyó en su conchita y ella la presionaba como queriendo metérsela y de su garganta salía un mmmmmm, mmmmmm, como quejido o goce de un manjar. Yo ya no queriendo más siento un tirón que me desgarraba desde la cabeza hasta el pene y exploté con un, Aaaaaaaayyyyy, vaciando en su boca toda mi leche.

Mamá seguía succionando y metiendo mi pene hasta el fondo, parecía que le habría la garganta, mientras mi madre fornicaba mi rodilla con movimientos ya violentos y quejidos cada vez más fuertes. En un movimiento desesperado salió mi pene de su boca y yo también desesperado me hinqué y poniendo mi boca en su conchita comencé una fantasía de movimientos de lengua, succión, introducción y placer que ni siquiera en sueños lo había imaginado.

Su clítoris lo levantaba y se trababa mi lengua como si fuera una cuña dura, caliente y resbalosa, con un sabor que jamás había probado. Mi madre gritaba, hijoo, hijoo, hijiiiitooo, amoooor, chuuupamee, chuuupameee.

Y en una convulsión mágica, descarga un cúmulo de jugos que penetran por todos mis espacios de aromas y sabores. Mientras con mi pene nuevamente erecto comienzo a subir hasta aquel parque de pasiones. Mi madre abre sus piernas y me recibe como queriendo tenerme nuevamente en su vientre y en parte, si me tiene.

Sus pechos se abren a nuestra calentura y mientras la penetro mi boca recibe eso pezones erizados como tigres frente a su presa; nuevamente mi boca se adapta a esta nueva carne, que entra produciendo un nuevo placer en mi, y en ella.

Los dos a carne viva saltando, refregándonos y con gritos templados de calentura. Mi lengua recorre su piel hasta llegar a su boca donde recibe otro choque eléctrico. Siento su nariz oliendo mi cara mojada en sus jugos y abriendo su boca deja que su lengua me limpie, produciendo un choque de lenguas que calientes y resbalosas se tratan de amarrar y entran y salen de boca en boca, como comiéndose.

En nuestros movimientos no se como ella está arriba y yo abajo, y mi pene sintiendo el galope de su concha que quiere agarrarse o quiere huir, subiendo y bajando con un monito caliente y loco. Sus tetas vibraban y bailaban haciendo que mi calentura estallara en un profundo grito, mamaaaaaaaaaaa y ella en otro grito, hijooooooooo.

Nos amarramos en un abrazo que fue cayendo lentamente en un sopor y flacidez, para luego quedar dormidos sin saber en que momento nos desacoplamos.

Pasado no se que tiempo despertamos en igual posición, yo con mis manos en sus nalgas y mi boca cerca de un pezón. Aprovechando la posición comencé a chupar y a tocar bajo sus nalgas. Mmmm, que rico mi amor, decía mamá y se movía mientras mi sexo parado nuevamente hurgueteaba el de ella.

Mis manos entre tocar y tocar llegaron a su culito y los dedos ya mojados jugaron tratando de entrar. La posición hacía que los jugos bajaran y pasaran por mis dedos hasta que uno logróo entrar. Mi madre levantó las piernas como si fuera un golpe eléctrico y gritó, amooor, amooor, amoooor, luego siento sus piernas elevarse como queriendo tragarme y mi pico toca el hoyito que mi dedo había liberado haciendo que entrara solo la cabeza.

Mi madre seguía amándome a gritos, asiii, asiiii, amooor, te aaaaamo. La cabeza de mi pico aun estaba amarrada a su culito y mi madre con lágrimas de placer me miraba y suplicaba maaaas, maaaas, amooor. Yo aprovechando la posición levanté mi cuerpo y sin desacoplarme miré a mi madre y le dije, mamita muéstrame como te haces la pajita.

Ella con toda su calentura mete un dedito y se comienza a masturbar y a gritar, papito, que rico, mira como me tienes, miiiira, miiira, miiira mi amor, miiiiiiira.

Yo con la visión de sus dedos, su clítoris y sus tetas puntiagudas hice presión y mi pico entró completo en su hermoso culo. Sentí un sacudón que casi pierdo la conciencia y mi madre ya se habia metido tres dedos y con su dedo gordo trataba de coger el clítoris, en bramidos de placer se descargó con un tremendo orgasmo y gritando mi nombre.


Mientras sentía sus gritos y sus tiritones yo ya no aguanté y comencé a gritar, mamiiiiiita, mammiiiiitaaaa, mamiiiiiitaa, y ella desacoplándose baja y me chupa el pico recibiendo toda la descarga nuevamente en su boca, limpiando mi pico desde el capullo hasta las bolitas.

Nunca he logrado una pasión tan completa y tan amorosa, como la que me dio mi madre.